VacúnateYa!

¡Gracias, presidente Sagasti!

Ha vacunado al Perú. Nos libró de Merino. Supo decir No a los golpistas. En casi 40 años, por fin un hombre decente en Palacio de Gobierno.

Por Eduardo González Viaña

Publicado: 2021-07-25


Francisco Sagasti está de salida. Por lo tanto, nadie podrá decir que esta sea una loa adulatoria. Es, en vez de eso, una elemental nota de gratitud a un mandatario que ha trabajado en medio de un silencio eficaz.

De acuerdo con el Ministerio de Salud, hasta el momento han sido aplicadas 10 millones 890 mil 737 dosis de vacunas. De ese total 6 millones 860 mil 253 corresponden a la primera dosis y 4 millones 030 mil 484 a la segunda dosis.

Y, por fin, ya son 98.7 millones las unidades compradas hasta ahora por el país, de las cuales 70 millones quedarán para el gobierno de Pedro Castillo, a fin de continuar sin problemas con el proceso de vacunación de todos los peruanos mayores de 12 años hasta fin de año.

Parece normal… pero es más que eso. En febrero de este año, solo los peruanos que podían volaban a Miami para vacunarse. Y algo vergonzoso, en septiembre del año pasado el presidente de entonces se aplicó la vacuna china… pero no la compró para el resto de los peruanos, acaso por el cobarde temor de enemistarse con Trump.

“PON EL HOMBRO” ha dicho el mandatario y, debemos a su diligencia la aplicación en poquísimos meses de millones de vacunas luego de un período anterior en que el país parecía aceptar con pasiva resignación la feroz pandemia.

Aquí, como en USA, quienes desprestigian a la vacuna son generalmente pesimistas declarados o perezosos mentales. O lo que es peor, partidarios de la candidata derrotada que quieren crear un estado social de desánimo propicio para desacreditar el proceso democrático o antesala de un golpe bestial.

¿QUÉ MÁS LE DEBEMOS A SAGASTI?

Nos ha liberado del preludio de una dictadura infame. Con él se restableció el orden constitucional luego del fatídico interregno de Merino que significó en menos de una semana, la insurgencia de los jóvenes y la pérdida de dos muchachos heroicos, además de 100 heridos y 41 desaparecidos.

La bestialidad represiva de los golpistas hasta ahora no ha sido castigada. Se mencionó a cuatro agentes de la policía, y la Fiscalía de la Nación abrió una investigación preliminar contra el expresidente Manuel Merino de Lama, el expremier Ántero Flores-Aráoz y el saliente ministro del Interior, Gastón Rodríguez…. Ellos, los verdaderos responsables siguen impunes y frescos.

En vez de ellos, la represión brutal de Merino y los suyos empujó a la cárcel a setentitantos hombres y mujeres a quienes se les acusó de terrucos, aunque sus convicciones políticas no tenían nada que ver con el golpe asesino.

A propósito, todo el tiempo que haya convulsiones en el Perú, ¿se va a recurrir al fácil expediente de recordar una guerra que terminó en el siglo pasado y encarcelar a quienes participaron en ella, aunque ya hayan pagado sus culpas? ¿Y ellos, ya salieron en libertad?

SUPO DECIR NO A LOS GOLPISTAS

Hay que recordar en Sagasti su tajante negativa ante quienes querían empujarlo a desconocer o debilitar el proceso electoral. “Un presidente no es un árbitro. -sentenció y agregó: El JNE es el único que tiene la potestad de definir. Por lo tanto, cualquier intento del Ejecutivo, del presidente, de servir de árbitro estaría fuera de la Constitución y es algo q no nos corresponde ni me corresponde”

Alguien ha comparado a Francisco Sagasti con Valentín Paniagua, y tiene razón. Ambos han demostrado ser demócratas a carta cabal y tener un perfil de estadistas en medio del cataclismo de la democracia.

Por fin y esto es suficiente. Luego de casi cuarenta años de pillos y salteadores, la casa de gobierno por fin ha sido el hogar de un hombre decente.


Escrito por

EDUARDO GONZALEZ- VIANA

Novelista, periodista y profesor universitario en Estados Unidos, Eduardo González Viaña publica cada semana la columna “Correo de Salem” que aparece en diarios de España y de las Américas. Inmigración, cultura y análisis político son sus tópicos más frecuente


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El correo de Salem

Un blog de Eduardo González Viaña