pie izquierdo

Poesía bajo un puente de París

Publicado: 2021-06-29


“Busco/ los conciertos/ de música/ silenciosa/ que dan vida a las cosas inertes…”

Abrí el libro sin buscar una página en especial y encontré estos versos que, leídos una y otra vez, ofrecen significados diferentes de acuerdo con el lugar o el estado de ánimo en que uno se encuentre.

Al libro lo encontré abandonado en uno de los puentes de París. Se encontraba entreabierto como invitando a leerlo a algún paseante hispanoparlante de aquellos que escogen esos rincones para leer y recordar.

Durante el otoño francés del año pasado, viajé a la Ciudad Luz para recoger mis pasos. Viví allí unos cinco años y, todo el tiempo que voy, repito el ritual. Espero en alguna cafetería al poeta Elqui Burgos y recorremos a pie el Sena deteniéndonos en un puente en especial.

Teníamos que ir hasta Pont Neuf, el lugar cercano a Notre Dame, donde el 18 marzo de 1314 fue quemado en la hoguera Jacques de Molay, el último gran maestre de los caballeros templarios. Nuestra manera de rendir homenaje a esta víctima del absolutismo y la intolerancia es pasar la tarde leyendo.

Ni Elqui ni yo portábamos un libro esa tarde, y sin embargo… se produjo el milagro. Al descender las escaleras que dan hasta la placa recordatoria, encontramos junto a unas flores marchitas, un libro. Era “Poemas de cemento” de Diego Rodríguez Puertas y, por lo visto, peruano, filósofo y estudiante de postgrado en la Sorbonne. Nos turnamos para hacerlo en voz alta.

“Sin ella/ me es difícil imaginar/ la mañana sin roble,/el cuello sin arma,/la colina sin sonido.”

Me pregunté si “ella” era la misteriosa destinataria de esos poemas y de las flores marchitas. Quizás estaba en lo cierto, pero más importante para mí fue descubrir en cada página de ese libro desconocido la paradoja y el dulzor permanente de la condición humana.

La poesía de Diego Rodríguez es, toda ella, una consideración sobre la vida. El asombro ante su falta de sentido, la creencia desesperada en la belleza, y una piedad asentada en la fraternidad de los seres humanos, alcanzan en sus versos una extraña y pocas veces leída intensidad expresiva.

Sobrio y denso es el verbo de Diego, como salido apenas del silencio para quedar con él, para volver a él ni bien se profiere… y luego aparecer abandonado y misterioso bajo un puente de París.

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Escrito por

EDUARDO GONZALEZ- VIANA

Novelista, periodista y profesor universitario en Estados Unidos, Eduardo González Viaña publica cada semana la columna “Correo de Salem” que aparece en diarios de España y de las Américas. Inmigración, cultura y análisis político son sus tópicos más frecuente


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El correo de Salem

Un blog de Eduardo González Viaña