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EL LARGO CAMINO DE CASTILLA

EL LARGO CAMINO DE CASTILLA comentado por WINSTON ORRILLO: González Viaña es, para comenzar un asombroso poeta, con la diferencia de que lo que nos expresa, viene en la forma narrativa.-

Por WINSTON ORRILLO

Publicado: 2021-03-02

“¡Ay, carajo¨!, Ramón Castilla tendido junto a una roca, se dio cuenta de que se encontraba lejos del campo de batalla y advirtió que le dolía el cuerpo: “Entonces no estoy muerto”…Cara con cara, Ramón y su caballo se miraron”. EGV

Una novela poemática o un texto poético-narrativo: “El largo camino de Castilla”, es, sin lugar a dudas La Novela del Bicentenario, y un prodigio de texto donde, los 11 mil kilómetros de la feroz Amazonía, fueron cubiertos, a pie, en canoa, a mula y a caballo, por el joven oficial, Ramón Castilla, que, entonces, deseaba reincorporarse, a las fuerzas realistas, a las que pertenecía.

Todo tipo de peligros lo acecharon -entre animales y hombres siniestros, como los sanguinarios cazadores de negros y de indios. Mas nuestro Ramón Castilla, con sus 21 años, no detenido por nada ni por nadie: con un sui generis sentido del honor, quería volver al ejército español, del que formaba parte desde los 15 años: retornaba para encontrarse con sus compañeros.

A pesar de lo cual, y no obstante ser recibido por el propio virrey en Lima, su madurez y la contemplación de las vicisitudes de su patria original, lo hicieron cambiar. Y fue la epónima Batalla de Ayacucho, donde fue atravesado por una lanza, la que lo sitúa, finalmente, en el bando patriota.

Más tarde, ya como presidente -lo que le ganara el odio de la sempiterna clase dirigente- firmó los decretos de abolición del tributo indígena y de la esclavitud.

Entre la vida y la muerte: poética con este binomio

Eduardo González Viaña es, para comenzar un relevante poeta, con la diferencia de que lo que nos expresa, viene en la forma narrativa. Ya García Márquez indica que el buen prosista contiene, ínsito, al poeta; que la eximia narración parte de una sensibilidad sin duda poética.

No quiero perder espacio en el abundoso curriculum vitae del autor que, ganador del Premio Nacional de Narrativa del Perú, es catedrático emérito en la Western Oregon University y Miembro de Número de diversas Academias de la Lengua Española . Entre sus obras más significativas figuran Vallejo en os infiernos y sus textos sobre la inmigración hispana en USA, como Los sueños de América y Siete noches en California.

Significativo, por antonomasia, es su texto El corrido de Dante. con el que obtuviera, el Premio Latino Internacional de Novela de los Estados Unidos y su El camino de Santiago, que fuera una de las tres finalistas del mundial Premio Planeta, la mayor presea novelística en el orbe castellano.

Su columna periodística “El Correo de Salem” aparece simultáneamente en la cadena de “La Nueva España” y en decenas de diarios de Nuestra América.

Por momentos no sabemos si Eduardo poetiza a la vida o a la muerte, aunque lo más cabal es que, ambas, forman una entelequia de la que el autor nos hace constantemente participes.

“Los ojos cerrados y la cabeza inclinada, Ramón Castilla era ya un difunto, pero su caballo continuaba trotando.

“Con las manos y los pies muertos, y el alma lista para dormir eternamente, el curtido mariscal avanzaba sin saberlo y se cruzó en sueños con las sombras de otros difuntos errantes.”

Sabiduría es poesía

Es muy difícil concluir la lectura de este, al que podríamos denominar un “libro abierto”, al que siempre podemos acudir.

Pleno de poesía, no nos cansamos de subrayar frase tras frase, pero con un vivo, pleno sentido de la realidad. Sigamos, pues, viendo, es decir, leyendo, con la claridad de que nunca acabaremos sus casi 500 páginas. Veamos:

“ Todos los hombres somos así: matamos. Tal vez es la razón de ser de nuestra estirpe.”

Tal vez no murió, y no morirá nunca. No se quedará dormido. Tal vez somos sus sueños. Solamente eso: los sueños de un malvado.”

“Me dijo: ´Tendrás ojos de ver cuando mires con tu corazón. Los que miran de otra forma tan solo sueñan. Los que miramos desde nuestro corazón estamos despiertos todo el tiempo.”

“Muchas veces me han preguntado qué es la vida, y yo les he respondido que es una visita breve a este mundo, pero que está colmada de sueños. Al final, uno termina no sabiendo si está en una selva o en un sueño.”

“Te pregunto si no te has dado cuenta que tu cuerpo estaba vacío

Cuando el espíritu de uno se pierde y luego se le recupera, es posible saber todo lo que viene”.

“Dicen que la vida se va en un remolino cuando uno está muerto. Y también aseguran que cuando uno no puede controlarlos, los sueños se lo llevan a uno hacia otros tiempos y lugares de la vida.”

Para concluir (provisionalmente)

Un libro problemático que no se puede leer sin lápiz y diccionario en mano. Porque hay no solo exquisitas palabras hispanas, sino textos en

Idiomas vernáculos, pero lo que abunda es la poesía, aquello que nos hace sentir breve este libro monumental que, como lo repito, al fin no se siente y uno quiere más y más.

Es nuestro mejor elogio y asimismo, la radiografía de una de esas obras, enjundiosas, salutíferas que solo, muy de vez en cuanto, llegan a nuestras trémulas manos.


Escrito por

EDUARDO GONZALEZ- VIANA

Novelista, periodista y profesor universitario en Estados Unidos, Eduardo González Viaña publica cada semana la columna “Correo de Salem” que aparece en diarios de España y de las Américas. Inmigración, cultura y análisis político son sus tópicos más frecuente


Publicado en

El correo de Salem

Un blog de Eduardo González Viaña