Respeta la institucionalidad democrática

Mike Zellec morirá el sábado

PERMISO PARA MORIR le solicita al Perú nuestra compatriota Ana Estrada de 48 años quien últimamente está semipostrada bajo cuidado de enfermeras mañana, tarde y noche.

Publicado: 2020-12-27




PERMISO PARA MORIR le solicita al Perú nuestra compatriota Ana Estrada de 48 años quien últimamente está semipostrada bajo cuidado de enfermeras mañana, tarde y noche.

Ana tiene polimiositis, una enfermedad degenerativa que la mantiene al más extremo sufrimiento. En vista de que pocos la escuchan, está usando de las redes sociales para hacer oír su voz.

En España, todo parece dispuesto para que este mes se emita una Ley de Morir con Dignidad que reconoce que el Estado no tiene por qué obligar a la prolongación del dolor.

Oregon, en el Noroeste de los Estados Unidos, ha sido el primer estado en el mundo en reconocer ese derecho y establecer un Acta de Morir con Dignidad por decisión del pueblo en referéndum de 1993 convertida en ley en 1997.

Comencé a residir en ese estado en 1993, y aquí va lo que escribí en mi diario como fruto de una conversación con un amigo que tomó esa decisión.

Todos sabemos que vamos a morir. Mi amigo Mike Zellec, con quien tomé un café el mes pasado en Salem, Oregón, sabe exactamente qué día y a qué hora va a producirse su fallecimiento.

Es un triste privilegio del que podemos gozar (si lo creemos necesario) todos los habitantes de ese estado.

Mike- según me dijo- iba a pedir apoyo al Estado para “morir con dignidad”. Al comienzo no me quiso revelar sus razones. Tampoco yo se las pedí.

Es preciso recordar que este tipo de leyes, así como muchas otras, se toman en los Estados Unidos a través de un referéndum que se celebra cada noviembre.

Aparte, a nivel de ciudad, las anexiones de tierra para ser urbanizadas se toman también en ese referéndum bajo la forma de una consulta previa.

Debido a la oposición de las iglesias, se hizo otra consulta el 13 de mayo de 1997, pero la decisión triunfó por más del 60 por ciento de los votos.

Recuerdo que estábamos en un Starbucks y que Mike no terminaba de hablar sobre su proyecto. Me dio la impresión de que no me estaba informando sino de que trataba de convencerse a sí mismo.

De acuerdo con la ley, si se aprueba la solicitud de un oregoniano, el Estado debe proporcionarle una dosis de medicamentos para acabar con su vida. Queda claro que el enfermo se provoca la muerte a sí mismo. Tanto el médico tratante como el médico consultor deben comprobar que el paciente es capaz, que su decisión es voluntaria y que no sufre de depresión o de ninguna otra enfermedad que lo incapacite.

- ¿Lo sabe Carol, tu novia?

-Ya no somos novios.

-Pero, ¿Lo sabe?

El paciente debe solicitar el servicio dos veces verbalmente con un intervalo mínimo de quince días y una vez por escrito, antes de poder obtener la prescripción letal. La petición escrita, tiene que estar firmada por dos testigos.

- ¡Qué raro! Carol y tú estuvieron juntos por lo menos diez años.

La ley establece que el médico tratante envíe a los enfermos de los que dude sobre su capacidad mental para evaluación psiquiátrica y tratamiento.

Además de la enfermedad terminal, los científicos sociales sugieren que la última determinación está motivada, no por el cáncer, sino por una serie de miedos.

Entre ellos el de perder autonomía, el de perder la capacidad de disfrutar de las capacidades, el de perder la dignidad, el de perder el control de las funciones corporales, el de ser una carga. En mucho menor proporción, el paciente toma la decisión por el dolor o por las implicaciones económicas del tratamiento.

Hace una hora, Mike Zellec me ha llamado para decirme que su fallecimiento se producirá este sábado a las 5 de la tarde.


Escrito por

EDUARDO GONZALEZ- VIANA

Novelista, periodista y profesor universitario en Estados Unidos, Eduardo González Viaña publica cada semana la columna “Correo de Salem” que aparece en diarios de España y de las Américas. Inmigración, cultura y análisis político son sus tópicos más frecuente


Publicado en

El correo de Salem

Un blog de Eduardo González Viaña