No al caballazo

Un fariseo en Washington

Publicado: 2020-06-06


¡Hipócritas! Bien profetizó Isaías de vosotros cuando dijo: ‘Este pueblo con los labios me honra, pero su corazón está muy lejos de mí. Mas en vano me rinden culto, enseñando como doctrinas preceptos de hombres’” (Mateo 15:3-9).

Las palabras más duras de Jesucristo en el Nuevo Testamento están dirigidas contra los fariseos, una secta dentro del judaísmo cuya exagerada ostentación del culto no se condecía con su avidez del dinero y de alta posición social.

Ciertas costumbres suyas- la de rasgarse las vestiduras o la de mostrar el libro sagrado- han pasado a la posteridad como falsas y postizas, y su propio nombre, fariseos, resulta ahora sinónimo de farsantes e hipócritas.

Parece que el presidente de los Estados Unidos no había leído la Biblia que sostenía en la mano cuando posó de esa forma frente a la puerta de la iglesia episcopal de Saint John, también llamada la iglesia de los presidentes por su proximidad a la Casa Blanca.

Antes había caminado seguido por centenares de periodistas y de gente del Servicio Secreto desde la casa presidencial hasta el templo.

Muchos de quienes vimos por televisión el suceso, creíamos que el mandatario había decidido por fin terminar la protesta con un gesto cristiano. Se nos vino a la mente la imagen de los policías de Miami quienes, al ver llegar a los manifestantes, se arrodillaron y empezaron a orar con ellos.

Ellos eran sabios y cristianos. El presidente, no. Lanzó una bravata trumpiana y posó con la Biblia.

Nadie le creyó. La reverenda Mariann Budde, obispo de la diócesis de Washington, condenó el gesto de esta forma.

"Fue un abuso de las herramientas y símbolos espirituales. No vino a la iglesia para rezar, para ofrecer sus condolencias a los que están de duelo", dijo. "No vino a comprometerse a sanar a nuestra nación, todas las cosas que esperaríamos y anhelaríamos del líder más alto de la tierra", agregó.

Cuando pensamos que se iba a arrodillar, pensamos con el corazón, pero Trump no parece muy dispuesto a usar el corazón jamás. En el apocalipsis de la pandemia, está destruyendo el sistema universal de salud creado por Obama, amenaza a su pueblo con espantosas represiones, elogia a las bandas fascistas que salen a las calles desprovistas de mascarillas, envía soldados y mercenarios para amedrentar a países hundidos en la pobreza, y por fin amenaza con una guerra contra la China, que sería el fin de la raza humana.

Pocas veces las palabras del Maestro han tenido tanta actualidad como ahora: “Hipócritas…Este pueblo de labios me honra, mas su corazón está lejos de mí”


Escrito por

EDUARDO GONZALEZ- VIANA

Novelista, periodista y profesor universitario en Estados Unidos, Eduardo González Viaña publica cada semana la columna “Correo de Salem” que aparece en diarios de España y de las Américas. Inmigración, cultura y análisis político son sus tópicos más frecuente


Publicado en

El correo de Salem

Un blog de Eduardo González Viaña