No al caballazo

Fernando, un profeta moderno

Muchas veces ha dicho el Padre Héctor Fernando Rojas Morey que trabajar para abolir la pobreza es trabajar por el Reino de Dios.

Por Eduardo González Viaña

Publicado: 2020-05-27


El día en que el padre Fernando cumplía 75 años caía martes. A las 8 de la mañana, lo llamó el arzobispo de Trujillo, pero no para cantarle las mañanitas, sino para decirle que, desde ese momento, estaba jubilado, y que debía abandonar la iglesia y la parroquia de Chepén.

-¿Puedo esperar hasta el domingo para despedirme?

-No, te he dicho que inmediatamente.

Hoy día, que cumple 86, me pregunto qué motivó al superior eclesiástico para ser tan abusivo con un humilde sacerdote que llevaba 46 años en esa parroquia. La única explicación que me doy es que acaso no podía tolerar allí tanto cristianismo de verdad.

Fernando Rojas Morey comenzó su ministerio en mi pueblo cuando apenas había salido del Seminario. Y muy pronto, los chepenanos lo vieron alzando adobes y colocándolos uno encima del otro para dar el ejemplo a los grupos de familias que ansiaban tener una escuela, una panadería y una radio de propiedad comunitaria.

Con ellos a su lado, fundó el Instituto San Juan Bosco.

El padre halló después un terreno rocoso, y lo denunció. Acto seguido, consiguió que sus amigos de Alemania le donaran molinos de viento. Y cuando ya aquello era tierra próspera, en vez de convertirse en un feliz terrateniente, le dio el nombre de cooperativa “Tahuantinsuyo” y lo donó a los campesinos sin tierra.

Eso no fue todo: toda una universidad salió también de la parroquia de Chepén. El padre Fernando vendió su Volkswagen y la casita que iba a servirle de hogar para sus últimos años, y se empeñó hasta la camisa para fundar – a fin de que sus muchachos tuvieran estudios superiores gratuitos- la Universidad Juan XXIII.

Durante la era de Alan García, el comando de asesinos “Rodrigo Franco” llegó al pueblo. Querían matar un “rojo” para aterrorizar a la población. Según su lógica terrorista, “rojo” como ahora “terruco” es todo aquel que se pone del lado de los pobres. La Madre Teresa podría serlo. El padre Fernando fue la víctima escogida.

Volaron la parroquia a medianoche, pero unos minutos antes, Fernando había salido por otra puerta para auxiliar a un moribundo.

Lo visité el año pasado en casa de sus parientes. Enfermo y anciano, solamente goza de su apoyo porque me parece que la Iglesia no tiene asilos ni jubilaciones para los clérigos de provincias.

“Los sacerdotes suelen visitar a los enfermos. Y ahora soy yo, un pecador, quien visita a un sacerdote. ¿No tienes miedo?

-¿Miedo? ¡Ni lo pienses!… Dios viene siempre al lado de los pobres y los pecadores.

Muchas veces ha dicho el Padre Héctor Fernando Rojas Morey que trabajar para abolir la pobreza es trabajar por el Reino de Dios.

No divide las aguas con una vara porque es un profeta moderno, pero ha conducido a un pueblo durante medio siglo y cree en una iglesia con opción por los pobres. Pobre y enfermo, hoy cumple 86 años, y pienso llamarlo para que me confiese porque es capaz de todo…hasta de absolverme.


Escrito por

EDUARDO GONZALEZ- VIANA

Novelista, periodista y profesor universitario en Estados Unidos, Eduardo González Viaña publica cada semana la columna “Correo de Salem” que aparece en diarios de España y de las Américas. Inmigración, cultura y análisis político son sus tópicos más frecuente


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El correo de Salem

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