Yo me quedo en casa

Barreto, un peruano frente a Hitler

Hay en el Perú “defensores de los derechos humanos” que escogen a quiénes defender y a quiénes no, o piden permiso para eso. No fue así Barreto. Desobedeció a su gobierno por defender el derecho de gente que no tenía en común con él sino el pertenecer a la raza de los hombres.

por Eduardo González Viaña

Publicado: 2020-02-15


¿Se puede morir varias veces? Sí, es posible. Más de dos años vivió el diplomático peruano José María Barreto en la Europa sometida a Hitler esperando cada noche los golpes en su puerta que darían dos asesinos de la SS o el motor de un carro apostado frente a su casa, con la sirena ululante y pronto a conducirlo hacia un campo de concentración.

Barreto (1875- 1948) era cónsul peruano en Ginebra durante los días de la Segunda Guerra Mundial. Era la época maldita del nazismo, y sus espantos llegaban incluso hasta la neutral Suiza. A esas tierras pacíficas arribaban igualmente, escondidas o disfrazadas, las familias judías del resto de Europa.

Les habían obligado a usar un distintivo infamante al salir a la calle y a retirar de las escuelas a sus hijos. Les habían expropiado sus casas. Los habían empujado a vivir en un gueto miserable.

Habían llegado hasta Suiza, pero Berlín los reclamaba. Si se entregaban, serían embarcados en trenes hacia los tristes campos de la muerte.

Pese a la prohibición del gobierno peruano, José María Barreto comenzó a entregar pasaportes peruanos a las familias judías que se los habían solicitado. Se da el número de 158 para las personas a quienes salvó la vida de esa manera, pero obviamente fueron más.

Ante una protesta alemana, el gobierno peruano ordenó la anulación de los pasaportes (felizmente, ya era muy tarde), el cierre del consulado y la expulsión del servicio diplomático para nuestro compatriota.

Pensemos en Barreto. Situémonos en 1943 y en Europa. Solo, sin trabajo, sin dinero, sin la protección de su país, sin la posibilidad de regresar… y expuesto a sufrir la venganza de los nazis.

Ahora es necesario que el gobierno del Perú reivindique al diplomático José María Barreto, que le retire la ignominiosa expulsión de 1943 y, más todavía, que enjuicie las razones por las cuales en 1938 Lima prohibió a sus diplomáticos la expedición de visados para inmigrantes judíos. ¿Estaba nuestro país influido por Hitler?…Todo parece indicar que así fue.

Hay en el Perú “defensores de los derechos humanos” que escogen a quiénes defender y a quiénes no, o piden permiso para eso. No fue así Barreto. Desobedeció a su gobierno por defender el derecho de gente que no tenía en común con él sino el pertenecer a la raza de los hombres.

Murió cada noche en que escuchaba motores cercanos a su casa, pero vive de nuevo cuando, como hoy, lo recordamos.


Escrito por

EDUARDO GONZALEZ- VIANA

Novelista, periodista y profesor universitario en Estados Unidos, Eduardo González Viaña publica cada semana la columna “Correo de Salem” que aparece en diarios de España y de las Américas. Inmigración, cultura y análisis político son sus tópicos más frecuente


Publicado en

El correo de Salem

Un blog de Eduardo González Viaña