Defendamos las lomas

EL PROCURADOR VALIENTE

Pero sí, muchas veces me trataron de intimidar o de detenerme. Me llamaron de Palacio, del Congreso, a veces con pedidos sutiles y otras veces brutales como suelen ser ellos y ellas. Mi respuesta fue “solamente estoy haciendo mi trabajo”.

Por Eduardo González Viaña

Publicado: 2020-01-08


EL PROCURADOR VALIENTE lo llamó Raúl Wiener, y yo no encuentro otro apelativo mejor para Julio Arbizu González. Durante el gobierno precedente, hizo temblar a los corruptos de los más altos niveles de la sociedad peruana. Dirigidos por el Procurador Anticorrupción, policías y fiscales rompieron candados y abrieron las puertas de personajes que hasta entonces se creían intocables.

No tenía 40 años todavía, su presupuesto era magro, no lo cuidaban guardias de seguridad, el gobierno Humala temía crearse enemigos entre los corruptos y le bajó el dedo, y sin embargo, este joven abogado que también escribía novelas, con un valor sin límites, comenzó la gran batalla contra la corrupción en el Perú.

Tenía el corazón y la inteligencia fuera de serie y, ahora, se pone liderar la regeneración como candidato de Juntos por el Perú con el número 5 de preferencia.

CUATRO PREGUNTAS AL NÚMERO 5.- Lo entrevisto, y quiero saber en primer término que es lo que lo impulsa a esta lucha tan inmensa y por qué no parece tener miedo:

Todos tenemos que hacer algo

JAG: Yo recuerdo siempre el verso de Juan Gonzalo Rose que dice: “¿por qué no siembran trigo también sobre mi pecho, sí aquí en mi corazón todas las noches, se desbordan los ríos?”. Y solo le entendí el sentido real y pleno cuando un día mi hija (que estaba harta de policías y amenazas cuando yo era procurador) me dijo: “papá, y no hay alguien más que pueda hacer este trabajo que tú haces?”.

Allí me di cuenta que todos los que estamos en posición de hacer algo lo tenemos que hacer. No vale poner pretextos ni resguardarse. Mi hija lo entendió y hoy pelea por una sociedad más justa que Chile

2)Eras ya un héroe popular. ¿Por qué dejaste la Procuraduría? ¿Hubo algún mandato del presidente Humala o la presidenta Heredia , o acaso del Congreso?

JAG: Me fui a dirigir una ONG en materia de transparencia y luego a Honduras a combatir la corrupción por allá. Me sentía también de alguna manera, un latinoamericanista...jajaja.

Pero sí, muchas veces me trataron de intimidar o de detenerme. Me llamaron de Palacio, del Congreso, a veces con pedidos sutiles y otras veces brutales como suelen ser ellos y ellas. Mi respuesta fue “solamente estoy haciendo mi trabajo”.

3.LA LUCHA CONTRA LA CORRUPCIÓN: ¿Qué debe hacerse, a tu parecer para continuar en ella y convertirla en un sello permanente de la vida peruana?

JAG: Creo que debe entenderse el problema de la corrupción como lo que verdaderamente es: la reducción o eliminación de derechos humanos. Cuando hay corrupción no hay derecho a la salud, la educación o a la justicia. El Estado abdica de garantizar derecho y la ciudadanía los ve difuminarse sin solución

4) HABLANDO DE DERECHOS HUMANOS, el congreso defenestrado fue una horda de hampones y analfabetos. Para disimular sus blindajes, emprendieron acciones que la opinión internacional juzga bárbaras. Por ejemplo, la llamada muerte civil que priva a personas que ya cumplieron su condena, del ejercicio de sus profesiones y de su total reincorporación en la sociedad. ¿No es eso antijurídico y anticonstitucional?

JAG: Me parece que el Estado ha respondido desde una posición exclusivamente retributiva y brutal. Yo no estoy de acuerdo con la idea de Schmith de considérar que mis “enemigos” no tienen derechos. Lo de destruir mausoleos o de olvidarse la humanidad del que piensa distinto es la peor muestra de barbarie de una sociedad


Escrito por

EDUARDO GONZALEZ- VIANA

Novelista, periodista y profesor universitario en Estados Unidos, Eduardo González Viaña publica cada semana la columna “Correo de Salem” que aparece en diarios de España y de las Américas. Inmigración, cultura y análisis político son sus tópicos más frecuente


Publicado en

El correo de Salem

Un blog de Eduardo González Viaña