no chatea con corruptos ni delincuentes

Celebración de Dios

Publicado: 2019-01-10




“Gracias Eduardo por tu pedido pero no soy creyente y por ende no creo en salvadores.”- me dice el profesor universitario Manuel Paz y Miño.

Una amiga europea, conmovida por lo que contamos, me pregunta “Soy budista y extranjera. ¿Podría yo firmar?”

Ambos se refieren a una carta que estamos enviando al Papa Francisco en la que le pedimos que nombre un pastor para el Perú y que sea diferente al ominoso Cardenal Cipriani.

En ese texto, hablamos de dos crisis que estamos viviendo y que a mi juicio son las mayores de la historia republicana. Una es la corrupción. La otra es la perversidad.

Terminado hace más de 20 años el conflicto armado interno- le contamos- los condenados por terrorismo han sufrido prisiones casi equivalentes a las de enterrados vivos, y los que lograron salir al cumplir el tiempo de sus largas condenas, se pasarán la vida pagando reparaciones civiles al Estado.

Además, contra todo principio del derecho que prohíbe penas retroactivas, el Congreso actual ha creado una ley de muerte civil que impide a los más de ellos trabajar en sus profesiones. Justicia sin misericordia es crueldad: decía Tomás de Aquino.

La otra es la pavorosa imagen de un modesto cementerio de Lima. Gracias a una ley casi unánimemente aprobada por el Congreso, se ha permitido allí la profanación, es decir: desenterrar y dinamitar los nichos de los presos que fueron acribillados en 1986 por el gobierno de Alan García.

Se ha dicho que los muertos eran “terroristas”, pero eso es irrelevante. Los muertos son sencillamente muertos y merecen respeto.

En vista de que la carta está dirigida al Papa Francisco, estos lectores manifiestan sus dudas porque el filósofo confiesa su ateísmo y nuestra amiga europea, sus convicciones budistas.

Me permito responderles que los hechos denunciados son indignos de una nación civilizada además de inhumanos e inmisericordes.

No se necesita ser peruano para condenarlos. Basta con ser civilizados y no desear que la nuestra sea una sociedad de los lobos.

Tampoco se requiere ser católicos. Puede uno pertenecer a cualquier religión o no tenerla. Por mi parte, creo en Dios como una invención de la esperanza, una celebración de la justicia, una búsqueda de la libertad y una perpetua fiesta del amor.


Escrito por

EDUARDO GONZALEZ- VIANA

Novelista, periodista y profesor universitario en Estados Unidos, Eduardo González Viaña publica cada semana la columna “Correo de Salem” que aparece en diarios de España y de las Américas. Inmigración, cultura y análisis político son sus tópicos más frecuente


Publicado en

El correo de Salem

Un blog de Eduardo González Viaña