reconoce sus orígenes

Te vas Alfonsina

Publicado: 2017-02-11


Por Eduardo González Viaňa

Te vas Alfonsina

“Te vas Alfonsina con tu soledad/qué poemas nuevos fuiste a buscar/una voz antigua de viento de sal/te requiebra el alma está llevando/y te vas hacia allá como en sueños,/dormida, Alfonsina, vestida de mar.”

Autora de poemas más dolorosos incluso que esta canción, la argentina Alfonsina Storni (1892-1938) fue una de las voces líricas más importantes de los años 20 y 30 en la literatura hispanoamericana. Su obra caminó desde el romanticismo hasta la vanguardia y terminó por expresarse en el modernismo crepuscular y mágico de la época.

La canción que popularizara Mercedes Sosa se refiere al trágico final de Alfonsina. En la imagen colmada de sueños que se tiene de ese momento, se piensa en la última hora de la poeta y se evoca a una mujer bella mientras se interna en el mar y, poco a poco, sin que ella vuelva la cara, se va entregando a la muerte.

Siempre he creído en las leyendas y en lo que ven mis sueños. Por lo tanto, supongo que así debe de haber sido aunque haya otras versiones más realistas. En todo caso, Alfonsina antes de partir escribió un poema y lo envió para ser publicado en el más conocido de los periódicos argentinos, La Nación. Aquí, algunos fragmentos del mismo:

“Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame. Ponme una lámpara a la cabecera, una constelación, la que te guste… Déjame sola…Gracias… Ah, un encargo, si él llama nuevamente por teléfono le dices que no insista, que he salido…”

En la canción o en el poema de despedida, ¿leyeron ustedes algo que suene a comunista, a subversivo?… No lo creo. Y sin embargo, cuando Mercedes Sosa la estaba cantando en La Plata, junio de 1979, un pelotón de soldados invadió el teatro y fue apresada junto con todo el público que había ido a escucharla. Pudo haberse quedado mucho tiempo o tal vez haber desaparecido. Felizmente, una protesta internacional obligó a la junta militar de Jorge Videla a liberarla y expulsarla del país.

He recordado la canción de Alfonsina porque la semana pasada escribí sobre “Te recuerdo, Amanda” y el ensañamiento de los asesinos de Víctor Jara. Sin embargo, no tan sólo Argentina y Chile; en todo el continente, hemos sufrido la paranoia y la brutalidad de mandatarios y mandones quienes siempre han odiado la música porque la han considerado un camino hacia la libertad…

En el Perú “democrático” de Belaunde Terry, entre otras canciones estaba prohibida “Nathalie” del francés Gilbert Becaud. ¿La recuerdan ustedes?

“La Plaza Roja, vacía. Delante de mí, Nathalie. Tenía un lindo nombre mi guía, Nathalie…La Plaza Roja estaba blanca. La nieve caía. Y yo seguía durante el frío domingo a Nathalie.”

No, Nathalie no era una peligrosa subversiva. Era una guía de turismo. El francés que la evocaba pronunciaba sin embargo palabras espantables como: “tumba de Lenin”, “revolución de octubre”, “Plaza Roja” que mencionaban a Rusia, un país que estaba en la lista de los prohibidos en el pasaporte peruano.

La interdicción de Nathalie guarda coherencia con las medidas del “democrático” Belaunde que había decretado, entre otras cosas, la confiscación y quema de libros.

Tal vez, los mandatarios y los mandones tenían razón. Las canciones de Mercedes Sosa, las de Víctor Jara, Atahualpa Yupanqui, los Quilapayún y las de tantos otros juglares del pueblo, pese a la represión, son siempre el lado más subversivo y peleador, o acaso el más denunciante de nuestra alma silenciosa, la memoria. Y por eso sigo escuchando:

“Por la blanda arena que lame el mar/su pequeña huella no vuelve mas,/un sendero solo de pena y silencio/llegó hasta el agua profunda,/

un sendero solo de penas mudas/llegó hasta la espuma, Alfonsina.”


Escrito por

EDUARDO GONZALEZ- VIANA

Novelista, periodista y profesor universitario en Estados Unidos, Eduardo González Viaña publica cada semana la columna “Correo de Salem” que aparece en diarios de España y de las Américas. Inmigración, cultura y análisis político son sus tópicos más frecuente


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El correo de Salem

Un blog de Eduardo González Viaña